En 1775, el relojero londinense Alexander Cumming patentó el tubo en forma de S. Fue una solución sencilla y elegante para impedir la entrada de malos olores procedentes de las cloacas.

La pregunta que cabe hacerse, sin embargo, es cómo es posible que tardaran casi cien años —hasta 1866— en acabar de conectar una ciudad en plena expansión como Londres a la red de alcantarillado.

El economista de la BBC Tim Hartford afirma que las cloacas son un bien que aporta lo que en la jerga económica se conoce como «externalidad positiva». Es decir, crean un beneficio para un tercero que es ajeno a la transacción. Los bienes que tienen externalidades positivas tienden a ser adquiridos a un ritmo más lento del que sería conveniente para la sociedad en su conjunto.

Al final, se necesitaron una crisis y una persona con gran capacidad de visión para crear la red de alcantarillado de Londres. A principios del siglo XIX, Londres fue azotada con continuos brotes de cólera. Entre 1853 y 1854, más de 10 000 personas murieron a causa de esta enfermedad (1 de cada 100). Alguien tenía que hacer algo. En 1856 se creó el Metropolitan Board of Works de Londres.  Joseph Bazalgette fue elegido como su primer y único ingeniero jefe. La solución de Bazalgette fue construir una red de más de 130 km de cloacas subterráneas cerradas para interceptar las corrientes de aguas residuales, 1800 km de alcantarillado y varias estaciones de bombeo para llevar las aguas residuales fuera la ciudad.

Desde entonces, Londres depende de esta infraestructura. Ahora únicamente se está aumentando su capacidad con la construcción del túnel bajo el río Támesis.

Al gobierno tiene un papel que desempeñar en la aplicación de políticas que fomenten externalidades positivas. Esto se puede lograr mediante la concesión de subsidios o el incremento de la demanda.

La gestión avanzada de la presión es un bien con externalidades positivas. Si la adquiere el departamento de detección de fugas, se beneficia el responsable de los costos energéticos. Si la adquiere el departamento de administración de la red para reducir fallas, entonces son los técnicos de gestión de activos los que se benefician de la mayor vida útil de esos activos. Otras externalidades positivas son también la reducción de los costos operativos y la mejora del servicio al cliente. La alta dirección debe ser consciente de esto y tomar las medidas oportunas para adquirir la gestión avanzada de la presión al ritmo que beneficie a la organización en su conjunto, no al ritmo que pueda permitirse un solo departamento por sus propios medios.