La sequía no es un fenómeno que relacionemos instintivamente con países nórdicos como Suecia.  Para bien o para mal, es más probable que nos vengan a la mente otros estereotipos, como las melenas rubias, la marca de automóviles Volvo o el grupo Abba.

Desde otoño de 2015, grandes extensiones de Suecia han padecido la escasez de precipitaciones de nieve y lluvia.  2016 fue el año más seco de los últimos 40 años.  Las aguas subterráneas se están agotando.

A consecuencia de ello, se han impuesto restricciones en el consumo de agua y se ha prohibido el uso de rociadores y el llenado de piscinas.  El bajo nivel de agua del Canal de Göta, entre Gotemburgo y Norsholm, ha llevado a suspender temporalmente los paseos en barca.

2017 ha seguido la misma tónica hasta septiembre, un mes que ha resultado ser excepcionalmente húmedo y en el que se han registrado entre el doble y el triple de las precipitaciones habituales.  Un mes de penurias para residentes y turistas, pero un gran alivio para las compañías de aguas.

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