La construcción de presas suele tener consecuencias. Fijémonos si no en la emblemática Gran Presa del Renacimiento de Etiopía. El agua alimentará la central hidroeléctrica más grande de África para producir 6450 MW, lo que la convertirá en la séptima más grande del mundo. ¿El río? El Nilo Azul.

Mucha gente cuando oye hablar del Nilo piensa automáticamente en Egipto. Las imágenes de los satélites muestran claramente una delgada tira de color verde a ambos márgenes del río en medio del desierto. El agua del Nilo ha sido fuente de vida para muchas civilizaciones durante miles de años. El embalse de la Gran Presa tardará 15 años en llenarse. En ese tiempo, inevitablemente el río se verá afectado. Y Egipto está muy preocupado por los efectos que pueda tener.

En marzo de 2015, El Cairo, Sudán (la presa está cerca de la frontera con Sudán) y Etiopía firmaron una «Declaración de Principios». Uno de los principios es el de «no ocasionar daños». Consultores independientes están elaborando un informe técnico sobre la presa y los daños que esta podría originar a los países que comparten las aguas del Nilo. Las conclusiones del informe afectarán tanto a la rapidez con la que se llene el embalse como a la forma de operar la presa.

Se llegue al acuerdo que se llegue, la capacidad de Etiopía de controlar las aguas del Nilo tiene visos de convertirse en un contencioso con Egipto que durará muchos años. Ambos países harían bien en gestionar sus redes de distribución de forma inteligente para minimizar las pérdidas reales. En el caso de Egipto, como autoprotección. Y en el caso de Etiopía, para que nadie les pueda acusar de malgastar un recurso tan preciado como el agua.