La ciudadela de Amman se encuentra en el corazón de la capital jordana. Habitada de forma permanente desde el Neolítico, tras ser conquistada por los griegos recibió el nombre de Filadelfia. El imperio romano también dejó huella, como demuestran las columnas del templo de Hércules y el anfiteatro para 6000 espectadores esculpido en las laderas opuestas a la ciudadela.

Actualmente, el país afronta cuatro problemas relacionados con el agua: la escasez de precipitaciones, el crecimiento de la población, unas infraestructuras anticuadas y la falta de capital.

Jordania tiene un clima desértico sin precipitaciones prácticamente en los meses de verano. En un ranking de pluviosidad por países, ocupa el puesto 162 de un total de 169. El problema no es nuevo, lo cual explica la imagen de una cisterna de principios del siglo VIII en la ciudadela de Amman. En los últimos años, Jordania se ha convertido en el segundo país del mundo con mayor escasez de agua. Con entre 800 y 900 millones de metros cúbicos de agua anuales, los recursos hídricos de Jordania valdrían para cubrir las necesidades de tres millones de personas. Sin embargo, el número de usuarios sobrepasa actualmente los diez millones.

Jordania fue creada en 1921 por las potencias coloniales europeas. No tardó en recibir a los primeros refugiados palestinos y en las últimas décadas ha acogido olas de refugiados de Líbano, Irak y Siria. Desde 2011 se calcula que 650 000 refugiados sirios han cruzado la frontera jordana.

Como sucede en países de larga tradición histórica, las infraestructuras hídricas están anticuadas. Se calcula que la cantidad de agua que se pierde anualmente podría satisfacer las necesidades básicas de 2,6 millones de personas, es decir, más de una tercera parte de la población actual.

Jordania es un país pobre con una deuda elevada, que no dispone de las reservas de petróleo de muchos de sus vecinos. Presenta tasas de paro muy elevadas y un bajo índice de crecimiento económico, lo que le obliga a depender de la ayuda externa.

Las redes inteligentes son más necesarias que nunca, porque ofrecen una opción económica para sacar el máximo partido a la infraestructura existente y ganar tiempo hasta que se pueda invertir en soluciones estructurales.