Los medios de comunicación finalmente se han echo eco: Ciudad del Cabo, la segunda ciudad más poblada de Sudáfrica, va a quedarse sin agua en cuestión de semanas. Ahora todos los periódicos, webs y programas de televisión dedican reportajes especiales al tema estrella. Están volcados en la crisis, en las medidas que se están tomando y en la tarea de buscar culpables.

Por ejemplo, Mihir Sharma, en un artículo para Bloomberg View titulado The City That Ran Out of Water («Esta columna no refleja necesariamente la opinión del Consejo Editorial, de Bloomberg LP ni de sus propietarios»), afirma que la lección es clara: ante una crisis así hay que dejar la política a un lado y hacer caso a las advertencias, invertir en infraestructuras y no limitarse a rezar para que llueva.

Nada que objetar a eso. Pero ¿cuál es el papel de los medios de comunicación? ¿Dónde estaban en la fase de «hacer caso a las advertencias»? Brillaban por su ausencia.

Lo cierto es que un incidente y una crisis tienen muchos más alicientes para los medios (y más ventas de publicidad y contenidos) que las alertas preventivas. El incidente y la crisis dejan imágenes espectaculares y debates encendidos. Esto lo vemos incluso en un simple incidente causado por la rotura de una tubería. Este era el titular de una rotura de Thames Water el otro día: «70 personas evacuadas tras una grave inundación en Londres», acompañado de imágenes espectaculares y referencias a los medios sociales. Ni una palabra sobre los problemas que originaron el incidente.

Las alertas preventivas no van acompañadas de imágenes espectaculares. Solo pueden mostrar imágenes de lo que podría llegar a suceder. La crítica es fácil: alarmismo gratuito. Y para alardear de imparcialidad, los medios están obligados a hacerse eco de las posturas de uno y otro lado, los que predicen una crisis y los que no. A cualquier lector o espectador podría parecerle que ambas posturas son defendibles por igual. Además, los que predicen las crisis suelen ser vistos como excéntricos que van proclamando por ahí el final de los tiempos con una pancarta en la mano.

Algunos podrían aducir que eso es exactamente lo que ha ocurrido en el caso del cambio climático y el papel del hombre a la hora de precipitarlo.

La de Ciudad del Cabo será probablemente la primera de muchas otras sequías que afectarán a ciudades importantes de todo el mundo. Las compañías de aguas se enfrentan a retos cada vez mayores que, en muchos casos, acabarán desencadenando crisis. Los principales retos son: el crecimiento poblacional, la concentración en núcleos urbanos, los episodios climáticos extremos, la antigüedad de las infraestructuras hídricas (el porcentaje de sustitución de tuberías a nivel mundial no llega al 1 % anual), el envejecimiento de la población activa, la mayor exigencia de los consumidores, y la dificultad de aumentar los ingresos y de acceder al capital.

Estas tendencias son inexorables y exigen mayor inversión en unas redes hídricas que actualmente no están preparadas para afrontar estos problemas. La estrategia más eficaz es hacer más inteligente la infraestructura actual. Por mucho menos de lo que cuestan las soluciones tradicionales, las redes inteligentes prolongan la vida útil de los activos, reducen las fallas y fugas, mejoran el servicio al cliente y reducen los costes operativos.

Esto permite ganar tiempo para poder implementar una solución más estudiada a largo plazo. Para ver una lista de los temas que debería contemplar una solución de este tipo, consulte el artículo del blog titulado Lady Freethinker (cuya traducción literal sería algo así como ‘doña Librepensadora’). Sí, suena a señora excéntrica…

En su deseo de vender contenidos y publicidad, los medios de comunicación corren el riesgo de pecar de la misma cortedad de miras que los políticos que buscan la reelección, o que los grandes ejecutivos del sector que solo se fijan en los beneficios y en el valor de las acciones pensando en sus bonificaciones anuales. Debemos estar agradecidos a todas esas publicaciones que toman partido en cuestiones que otras instituciones son incapaces de abordar.